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Hakar Capítulo IV La mina exterior por Aoikokoro

 
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aoikokoro
Blue God & Genius Magician
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MensajePublicado: Jue Abr 19, 2007 5:31 pm    Asunto: Hakar Capítulo IV La mina exterior por Aoikokoro Responder citando

Capítulo VI

La mina exterior

Días atrás había quedado la estancia en Henkis de Yul y Sao, juntos se dirigían a la mina y ya estaban espantosamente cerca, la barrera de Agor parecía un montaña tras ellos y de estos dependería hacerla más grande. Ambos estaban en la parte superior de su nave deslizadora en una cámara esférica toda de cristal que les permitía divisar su dirección. Frente a ellos parecía un mar de ruinas, las instalaciones a las que estaban llegando lucían como si las hubieran abandonado hace mucho más tiempo del verdadero, posiblemente a causa de que la contaminación y polvo invadían con gran disposición todo lo que estaba afuera de las barreras.

—Hemos llegado líder Sao— dijo un soldado que iba con ellos— El minero Agreos nos dijo que usted conoce mejor las instalaciones centrales.

—Tiene razón, estuve aquí poco antes de que abandonaran. Déjeme una veintena de soldados y los demás aseguren el perímetro.

—Como usted ordene señor.

Yul y Sao bajaron del vehículo en un terreno arenoso muy cerca de las instalaciones, había entradas a las regiones subterráneas de la mina por doquier. Todos los hakarer estaban un poco desconcertados porque la luz del sol les pegaba muy directamente y los tonos amarillentos de la luz se hacían sumamente notorios. La escolta marchaba tras Sao y los demás corrían a formar un círculo de protección cerrado alrededor de la instalación, no parecía haber algún peligro, pero después de algún tiempo de inactividad no podían saber con exactitud que ocurría en el lugar.

—Yul—dijo Sao— te agradezco que me acompañes, y de ahora en adelante te agradeceré que cuidaras de mi hermano.

— ¿Cómo? ¿Pasó la prueba de Akios?

— Si, hace poco que envió la noticia, durante los próximos días será canalizado a tú equipo.

— ¡Que buena noticia! No te preocupes conmigo y con Aderm aprenderá muchas cosas útiles— Decía mientras se le iluminaba la cara de alegría— Que genial que ahora pasaremos más tiempo juntos, como antes.

—Veo que te entusiasma mucho estar con él.

—Tú sabes que lo quiero mucho, nosotros tres hemos convivido mucho, son mi familia.

—Bueno, es que la verdad no me refería a eso...

—No me digas, entiendo a que te refieres, pero antes que seguir con esta conversación prefiero recomendarte que te pongas a pensar respecto a lo que de verdad quieres, no puedes seguir viviendo ocultando lo que sientes por los demás, es hora de que tomes decisiones definitivas.

— ¡Pero no puedo Yul!

— Sao!!! Los radares detectan tropas Zelter, parece que nos han emboscado!!! — Interrumpió Agreos con un semblante que espantaría al más valiente de los dioses.

Sao no le respondió nada, sólo avanzo a toda velocidad, se detuvo bajo el domo central del lugar y sacó su computador, en él se comunicó con sus soldados y les dijo:

— Mantengan el perímetro, denme quince miserables minutos y estaremos a salvo.

Sao cerró la comunicación y se hincó en el suelo arenoso, luego clavó unos pequeños tubos transparentes como formando un circulo y justo en medio colocó una esfera de espejo que conectó a su computador, el cual utilizó ingresando muchos códigos que eran más como para burlar una seguridad que para crear un programa, luego se volvió a abrir la comunicación, esta vez con la reina Afil.

— Su alteza, los preparativos están listos, necesito la clave de acceso al Zirik.

— ¿Sao? No escucho con claridad ¿esta todo listo?

— Si, así es. Necesito la clave de acceso al Zirik.

Se escuchaba una ligera interferencia como viento en la conversación, lo suficientemente pronunciada para Sao, pues el distinguía con claridad todo lo que se decía. Pero los minutos pasaban y el enemigo se acercaba.

—Escúchenme, si es que ustedes son los Zelter nunca podrán utilizar ese Zirik, aléjense o lo estallaré remotamente.

— No su alteza. ¡Soy yo Sao! ¡Necesito la clave!

La comunicación se cerró y Sao vio aterrado su monitor, no tenía que hacer, sin el Zirik la barrera no podía formarse, sin embargo siguió tecleando y le dijo a Yul, quien estaba a su lado.

— Ve con ellos, necesitan apoyo, la barrera estará lista en unos minutos.

Yul se fue corriendo y Sao quedó allí, en el interior del edificio como si supiera que hacer.

En el exterior de la mina el dominio hakarer todavía estaba presente, los soldados habían mantenido a raya a los Zelter con rifles de francotirador, le dieron uno a Yul y esta les echó una buena mano, los rivales no parecía muy entrenados, el problema es que seguía acercándose en grandes números, como hormigas y antes de poder saber que pasó la mina estaba sitiada, el parque se les agotaba y sólo quedaban las armas de rayo de mediano alcance.

Yul desenvainó su cierra y volteo hacia sus escoltas.

— ¡Escúchenme bien! —Pronunció con todas sus fuerzas— ¡Esta será una batalla de desgaste, luchen por sus familias, por Hakar!

Los que la vieron también desenvainaron sus cierras y confiando en sus armaduras fueron corriendo a con todo en contra de los enemigos que tenían alrededor. Yul les dio la espalda y hacia si misma pensó “Me encomiendo a la gracias de Von.”

Yul era más rápida que todos los demás, y eso sin un traje C, sólo llevaba la misma malla protectora que uso en la infiltración a Codi-02. Todos sus soldados recibían disparos y algunos eran derribados, pero ella parecía una bestia, eran escasos los segundos que estaba en el suelo para luego volver al aire y cercenar las extremidades de los Zelter, porque algo era obvió, ella no los estaba matando, únicamente los dejaba inútiles para la batalla. No había nadie capaz de frenarla, incluso algunos valientes Zelter le hacían frente con sus cierras pero no podían evitar que sus ataques fueran bloqueados con una facilidad que les hacía quedar humillados.

A la distancia, desde una base militar Zelter se podía ver lo que estaba pasando en la mina con ayuda de aparatos de ampliación óptica. Allí se mantenía la siguiente conversación.

— Mi general, el individuo Gama parece llevar un ritmo muy elevado, ya ha incapacitado a más de un centenar de nuestros elementos.

— ¿Muertos? —Pregunto una voz rasposa como de una persona muy enferma o muy lastimada que apenas podía formular palabra algunas.

— Una veintena, el resto sólo fueron amputados.

— Bien, entonces envíen al proyecto Belial.

— ¿Belial? Pero mi señor, todavía no lo podemos controlar, nunca lo hemos dejado suelto.

— ¿Tenemos que experimentar no? Si no lo hacemos ahora cuando probaremos nuestras armas.

— Si me permite una opinión, mi general, le sugiero no soltar su carta más fuerte delante de todas, deberíamos probar primero con algo más.

— Mmm… Este bien, por esta ocasión te haré caso, pero si las cosas se complican soltaremos a Belial. Por ahora envíen la Legión y al Scorpious

— ¿No cree que sería mejor bombardearlos aprovechando que no tiene barreras?

— No, si lo que nos ha dicho nuestro informante es cierto tienen algo muy valioso.

— ¿Zirik?

— No, alguien que de verdad sabe como usarlo.

— Como lo ordene General Danwoo.

Mientras tanto en el campo de batalla las cosas estaban decididas, todavía estaban de pie la mitad de los Hakarer y sólo unos treinta Zelter; como doscientos habían sido agraciados con la misericordia de Yul. Nadie se atacaba, los médicos estaban procurando atender a los heridos, sin importar si eran aliados o novedosos prisioneros de guerra.

A lo lejos la tierra se elevaba formando nubes espesas que no dejaban ver nada, Yul fue la primera en advertir lo que pasaba. Y entonces grito a los soldados.

— ¡En guardia!.. ¡Maten todo lo que se mueva!

En eso recibió una llamada.

— Yul, soy Okaf, no he podido conectarme a Sao, ¿qué ha pasado?

—No le puedo dar detalles mi alteza, estamos siendo atacados y la barrera no ha podido ser levantada. Cambio y fuera. — La chica cortó así drásticamente la comunicación, lo cual provocó que Okaf estallará de preocupación y saliera a toda máquina a su hangar, tomará su nave y se encaminará a la mina sin importar el desperdicio de Zirik que emplearía al volar.

En las minas de nuevo estaban rodeados, las legiones eran animales, bestias como leones que atacaban tanto a los Zelter como a los hakarer, sus dientes eran enormes y podían perforar los trajes C. Eran entupidamente veloces, tanto o más que Yul y atacaban en grupo. Una jauría hiba contra un solo soldado y lo mordían hasta que lo habían devorado. Las balas y rayos los herían ligeramente, incluso la sierra batallaba para cortar su piel, pero Yul pronto descubrió un punto débil, el hocico. Ella les metia la sierra y les perforaba la garganta, aún así estos se resistían y seguían atacando hasta que todas las fuerzas les abandonaban.

— A los hocicos — decía ahogada Yul, luego tragó saliva y repitió— ¡Atáquenlos en los hocicos!

Después de unos minutos no parecían ser tantos, estaban acabándose casi a la par de los hakarer, ahora un caótico silencio se sobreponía a los indomables rugidos de las legiones. Yul veía su alrededor como no quedaban más que unos cuantos mal heridos y centenares de muerto, era una escena tan poco grata que casi la hacía llorar, así que ella prefirió mirar sus manos, pero estas estaban bañadas en sangre rojísima que acentuaba su brillo con el sol.

— ¡Gama!— Alguien gritó desconsolado— ¡vienen a bombardearnos!

Yul volteo al cielo y vio una nave Zelter sobre ellos, estaba muy arriba y la luz astral no le dejaba divisarlo con claridad, pero algo le decía que no los bombardearían, sabía que de ser esas las intenciones de Eferon ya lo habrían hecho antes de sacrificar a tantos elementos.
Un tronido ensordecedor se escuchó, algo se había roto y una enorme criatura había caído desde el cielo y ahora bloqueaba la entrada a los edificios de la mina, donde permanecía Raj.

El nuevo mounstro era un animal conocido, un escorpión, pero sus dimensiones eran apabullantes. Yul no le temía y se lanzó a el aforrándose a su arma, pero no pudo esquivar un golpe que este mutante le dio con el aguijón; la chica quedó tirada en piso de espaldas e indefensa al segundo ataque de la criatura, la cual la tomó entre uno de sus pares de pinzas y comenzó a presionarla. Yul no se quejaba con alaridos pero la expresión de su rostro no podía esconder que estaba sufriendo.

Los soldados hakarer, poco más de diez fueron en su auxilio, de ellos dos fueron separados en piezas por el otro par de pinzas del escorpión y uno de ellos fue violentamente atravesado por el aguijón, que con facilidad traspasaba los trajes C. Pero no era lo mismo con Yul, el mounstro seguía tratando de cortarla en vano, aunque ya algunas gotas de sangre salían de su boca.

Sólo el minero Agreorn y otros dos rasos quedaban sanos, se alejaron porque sabían bien que morirían si se quedaban al alcance.

— ¡Miren! — Dijo con entusiasmo el minero señalando la cúpula del domo central.

— ¿Qué? ¿Es la barrera?— Preguntó uno de los soldados mientras veía un resplandor hacia donde señalaba Agreorn.

— No, es el que nos salvó, es Epsilon, un verdadero Kami.

Lo que había sobre la cúpula del el edificio era un individuo, cubierto por un traje C delgadísimo completamente color plata, por ello la luz del sol se reflejaba intensamente en él haciéndolo parecer una estrella. Sostenía entre sus manos una larga lanza, y veía justo debajo de él como el escorpión seguía torturando a Yul. Luego Epsilon se dejó caer, justo a la media de la bestia y trató de encajar su lanza, pero era muy dura esa superficie. El escorpión lo atacó con el aguijón pero el kami saltó muy alto hacía atrás y lo logró evitar, al mismo tiempo lazó su arma y esta logró anclar el aguijón al suelo.

Epsilon sacó de la espalda de su traje dos sierras y con ellas cortó al escorpión hasta desprenderle su principal arma mientras la tenía inmovilizada por la lanza. Al animal mutante ya sólo le quedaba un par de pinzas libres, muy duras incluso para una sierra, pero el kami tomó cada una con sus manos y se las arrancó a la fuerza. El escorpión no era consiente de la precaria situación en que estaba, pero por instinto de supervivencia arrojó a Yul hacia Epsilón, este la cachó lo más delicadamente posible y la colocó fuera del alcance:

— Así que de verdad existes — Dijo una debilitada y ensangrentada Yul mirando al casco plateado de su salvador.

El kami la dejó acostada cerca de Agreorn y los otros afortunados soldados, luego volvió a con su deteriorado rival. Corría a toda velocidad preparando uno de sus puños mientras el otro alistaba las pinzas para cacharlo en el momento oportuno. El kami no cambió su destino, y como una flecha en línea recta no se detuvo, su puño impactó justo en las pinzas enemigas y las fragmentó en mínimos trozos que se esparcieron a algunos metros de distancia. El desabrigado animal mutante intentó huir, pero Epsilón cogió su lanza y la clavó donde originalmente aspiró, sobre el corazón del escorpión, el cual se quejó amargamente emitiendo sonidos que nadie volvería a escuchar jamás, un chillido extraño pero fuerte y devastador, el sonido de su muerte. Epsilón bajo triunfante de su victima y fue a auxiliar a Yul, mientras en la base militar Zelter la desesperación se hizo notar.

— ¡Que demonios, te dije que mandáramos a Belial!!!

— Lo siento mi general, no esperábamos la presencia de dos kamis.

— Bueno…No importa, la prioridad es capturar al científico.

— Y, entonces que hacemos mi general.

— ¡Envíen a Belial!

— ¿Pero y si lo mata?

— Ya pediremos disculpas más tarde, no creo que a Eferon y Afil les importe mucho. Saben que me gusta jugar un poco.

— Como ordene.

A las afueras de la mina el kami revisaba a los heridos, y los que podían sobrevivir los llevaba al deslizador donde Yul, Agreorn y los ilesos ya estaban listos para partir. Pero no todo salió bien. Algo corría, o más bien volaba, porque llegó en un par de minutos al lugar, junto al vehiculo que todavía aspiraba más tripulantes. Era Belial.

Belial tenía un aspecto tosco, no era tan grande como el escorpión, era más bien insignificante haciendo una comparación, media unos dos metros y medio y lucia como un robot; no se podía saber si era máquina, humano o mutante porque todo lo que se veía era su armadura, rojiza y opaca, como si hubiera estado oxidada. No traía ningún armamento, solo sus gruesas extremidades forradas de metal.

Los soldados le disparaban al intruso pero este no les prestaba atención, además los rayos no abollaban su armadura. De pronto Epsilón lo atacó con sus sierras dejando caer a un pobre joven mal herido que intentaba llevar al deslizador. Belial detuvo ambas armas con sus manos, las chispas salían de la fricción de los metales pero no tardaron en detenerse, pues con la sola presión de sus puños se quebraron ambas. El kami repitió su técnica de saltar hacia atrás pero Belial lo cazó y en el aire lo pateó haciéndolo chocar ferozmente con el deslizador. Epsilón se volvió a levantar y le dijo a Agreorn:

—Reg… regresen a Henkis.

— ¿Pero y los demás?

— ¡Ahora!

Yul estaba muy cerca de la puerta del vehículo y mientras miraba al kami este sostuvo su mano y le dio un ligero apretón. En seguida la nave se elevó un poco y partió en dirección a la capital hakarer. Yul alcanzó a ver como Sao, porque ahora ella sabía quien era ese kami, volvía a dar la cara a Belial, el cual de un puñetazo lo regresó al suelo causándole grietas en su CCB. Los hilos de sangre salían por las hendiduras de su traje C, Sao ya no podía moverse bien, su fuerza no era una mutación como la de Yul, el dependía directamente del óptimo funcionamiento de la máquina que portaba, la cual el había diseñado con mucho esfuerzo desde que lo acogió la familia real tras la defunción de su padre Agor.

Pero el dolor no importaba, se puso de pie y salto de nuevo sobre la cúpula de la mina, medito centésimas de segundo lo que haría porque sabia que Belial lo seguiría hasta allí. Entonces activo otra función de su traje con solo desearlo. Unos pequeños cañones salieron de la espalda de sus manos y el chico regresó al suelo y desde lo lejos le disparaba unos rayos de luz blanca que frenaban el movimiento de aquel extraño ser, pero no lo dañaban, Belial seguía acercándose implacablemente, entonces no le quedo más a Sao que volver a alejarse lo más rápido y lejos que pudo, tomo vuelo y regreso corriendo hacia Belial preparando su puño derecho, justo como había derrotado al escorpión.

Pero el puño de Sao cayó justo sobre el de Belial, quien había imitado el movimiento del kami como si de un espejo se tratase. Los nudillos metálicos y prácticamente todo el brazo del traje da Sao se desquebrajo y su huesos se hicieron trizas, pero siguiendo su honor y control mental permaneció tratando de aparentar que podía seguir. Luego Beldal pateó su cabeza alejándolo de nuevo del lugar.

Sao se estaba levantando de espaldas a un Belial que tomó la lanza con la que antes él había dado muerte al escorpión. Ahora su punto de apoyo era su brazo izquierdo y rodillas. Él sólo podía ver como su CCB estaba inundado por su propia sangre, el visor así era inservible, pero sus oídos le dijeron algo más, una nave se acercaba a toda velocidad, aunque lo más probable era que sería de los Zelter.

Belial se posó justo detrás del kami y cuando estaba listo para clavar la lanza en la columna del derrotado hakarer vio un objetivo mucho más jugoso y digno de gastar fuerza. Era el rey, Okaf, estaba solo, ni siquiera llevaba casco y se hallaba parado junto a una nave voladora que acababa de aterrizar.

—Sao— dijo con voz que aparentaba tranquilidad y confianza imposible de tener— Sube a la nave, ahora te llevó a casa.

Sao volteó en su dirección y entre su empañado visor los distinguió, traía su capa azulada y una armadura dorada, no un traje C, es decir que eran únicamente pedazos de orikon que no le daban ninguna ayuda, sólo un peso extra y protección. En su mano izquierda sostenía una sierra poderosita que el mismísimo Agor había fabricado para Egofen, también dorada con el halcón hakarer en diamante en la empuñadura. Sao no podía decirlo, pero estaba impresionado de que Okaf expusiera su cuerpo ante tal bestia sin importarle siquiera la opinión de Afil.

— ¡Vamos! —Dijo ya un poco furioso el rey.

Sao fue ayudado por Gregog—el solitario nuevo escolta del rey— para subir a la nave casi aprovechando que Belial estaba como trabado, pero no se demoró mucho en volver en si y fue a contra Okaf. Pero este rey saltó sobre su cabeza y rajó con la sierra real la armadura de Belial.

—Lo vez, no eres tan fuerte ante mi, jeje. —Okaf verdaderamente no temia nada, lo único que le preocupaba era que Sao saliera con bien— ¡Gregog, enciende los motores y vuela!

Gregog le obedeció y la máquina voladora comenzó a ponerse en marcha, pero sin elevarse para esperar a Okaf.

Belial estaba agachado como si en verdad estuviese lastimado, pero giro repentinamente y sus brazos le dieron un golpe directo al pecho del rey, pero este no cayó, sólo fue arrastrado unos metros permaneciendo vertical, sus pies estaban como clavados al piso y el orikon no podía ser quebrado ni con la fuerza de aquel mounstro. Okaf reaccionó y logró llegar a la espalda de su adversario, lo tomó por el cuello y lo estranguló con toda su fuerza, la oxidada armadura de Belial sucumbía ante la fuerza del kami Alpha pero luego emitió una fuerte descarga eléctrica que llenó y torturó al rey, salía humo de su cuerpo y su piel se incineraba, pero aún así no desistía y seguía tratando de ahorcar a Belial.

— Nunca podrás lograrlo — decía Okaf casi al oído de su enemigo — Nunca podrás vencerme.

El rey se separó saltando como lo hacía Sao, pero en eso instantes fue impactado nuevamente por la furia de los puños de Belial, esta vez en la cara donde no llevaba protección. La sangre chisporroteó por todos lados, pero Okaf no dejo de coordinar y pudo maniobrar lo suficiente como para ir a dar sobre su nave, la cual ya estaba lista para despegar y casi fuera del alcance de Belial.

—¡¡¡GARRRRR!!! —Gritaba separando los brazos Belial, el cual permanecía mirando la nave, estaba impotente y vencido, aquellos que eran su objetivo se alejaban por aire y pesar de sus increíbles capacidades no podría alcanzarlos, pero de un momento a otro algo en su cuello emitió un chispa y Belial dio de bruces en el suelo.

—Gregog, llévanos a Hankis, al cuartel central— ordenó el rey limpiándose la cara de la sangre.

Sao estaba recostado en uno de los sillones de la nave, estaba muy herido pero no lo suficiente para morir. El chico seguía despierto y dijo con las pocas fuerzas que le quedaban:

—Gracias Okaf, gracias por esto.

Okaf se le acercó, ya casi sanado, pues como el kami Alpha su regeneración celular era rapidísima.

—No tienes que agradecerme nada, tu no. Yo daría mi vida por la tuya, lo malo es que no lo entiendes, sigues insistiendo en vestirte de héroe.
—Pero mi señor— quiso continuar hablando el debilitado Sao— Yo no tenía planeado luchar, yo sólo quería poner la barrera, pero Afil no pudo darme el código para usar el Zirik.

—No es tiempo de discutir— le contestó Okaf y le quitó el casco, la sangre le batió los pies, pero el no se sorprendió— Es momento de que descanses— Dijo y luego sacó una pistola que le puso en el cuello, jaló del gatillo y en ese instante Sao se quedó profundamente dormido.

Unas horas más tarde Danwoo y sus hombres estaban en la mina inspeccionando lo que había pasado.

— ¿Qué han encontrado? —Preguntó el general Zelter.

— Sólo encontramos una maleta para transportar Zirik, es bastante grande, pero la abrimos y estaba llena de tierra.

— Era de esperarse, el trato con Afil no era darnos Zirik— Se llevó las manos a la cabeza— hemos perdido una oportunidad de oro.

— ¡General Danwoo! —Gritaba un soldado que salía corriendo de las instalaciones— Encontramos una computadora bajo el domo de la mina, podría ser de utilidad, debe contener mucha información importante sobre Hakar.

— Llévenla a la base, la analizaré más tarde, y asegúrense de regresar a crió-génesis a Belial, si escapa no me la acabo con Eferon.

— No escaparía— Aseguró un soldado Zelter que los acompañaba—trabaje en los laboratorios de Mage, y para Belial desobedecer una orden sólo le causaría una tortura inimaginable.

— Es grato saber que cuento con gente inteligente en mi escolta— dijo el General Danwoo volteándolo a ver con interés— ¿Cuál es tu nombre muchacho?

— Mi nombre es Parsa Peira

©2007 ~aoikokoro

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